martes, 27 de octubre de 2009

Esos momentos


Desparramó toda su ropa por el suelo y en la plenitud de su cuerpo desnudo se dejó caer en la cama y encendió un cigarrillo, creyendose por unos instantes dueña de su propio destino.
Carla exhaló el humo del cigarrillo y lo consumió con una parsimonia envidiable para aquellos a los que no le quedaba ni un respiro en su ajetreada vida.


Se acarició el contorno interno de los muslos y sintió como se le erizaba su fino y delicado vello rubio por todo el cuerpo.
Solo un par de caladas más y llamaron con prisa a la puerta, Carla suspiró, apagó el cigarrillo y con la misma parsimonia que hace un instante vistió su cuerpo con una bata de seda blanca, miró por la mirilla y se colocó sus tirabuzones rubios. Abrió lentamente la puerta dejando ver uno de sus grandes ojos azules y una de sus bellas manos de superficial manicura francesa, dirigió una media sonrisa al visitante y se dejó ver al completo, aquel hombre de dudosa descendencia la cogió con firmeza de la cintura y la montó al hombro y cerró la puerta, la tiró sobre la cama se desnudó y la desnudó sin ninguna delicadeza, los ojos azules de Carla comenzaron a quebrarse, el hombre se tiró sobre ella cual animal en celo y después de babearla y hacerla suya sin ningun tipo de pudor, le tiró un fajo de billetes a la cara y se marchó sin más.
Carla quedó tirada en la cama clavando la manicura francesa en las sábanas y manchando su rostro de lágrimas...

Lo que daría Carla, ahora por uno de esos instantes en los que por un momento es dueña de si misma ...

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