jueves, 11 de febrero de 2010

Tempestades

A Mariam le encantaba salir a pasear los dias de tempestad, saltar en los charcos y mojarse las piernecitas, llegaba a casa con el pelo mojado sobre la cara y una sonrisa pícara en sus carnosos labios. A James le encantaban los dias de tempestad y esperar a Mariam tras la puerta cuando llegara con esa carita de niña traviesa para beberse la humedad de su cuerpo a tragos largos.

Hace pocos dias tuvo lugar una tormenta descomunal que se dió dentro de la cama de James. Mariam acababa de llegar más húmeda que nunca con sus piernas manchadas de barro bajo sus pantalones cortos, y con su anorak plateado perdiendo su brillo entra manchitas enbarradas, sin embargo no venía con una sonrisa tan grande que no le cupiese en los labios, si no triste y cabizbaja, James corrió hacia ella asustado.

-¿Que te ocurre mi pequeña?

- El barro me robó mis gotas de felicidad.

- No pongas esa carita Mariam, me rompes el corazón, creemos nuestra propia tormenta.

James cogió por la barbilla a Mariam y besó sus labios, poco a poco despojó a Mariam de sus mojadas y sucias ropas y cogida en sus brazos la llevó a la cama, fuera en la calle la tormenta crecía furiosamente, Mariam había olvidado su berrinche y ahora se dejaba completamente a la merced de la tormenta de James.

A ambos le encantaban los dias de tempestad por que creaban la suya propia.

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