martes, 30 de marzo de 2010

¿Hoy te quedas?

-Creo que mañana no iré a trabajar - Se le perdían las huellas dactilares en los mechones de Julia. - ¿Tienes el día libre para mi, verdad?
-Supongo que si, podre cancelar algunos acuerdos con gente que veo a menudo - relataba mientras le contaba los lunares de la cara a Jorge. - Ya que a ti no hay quien te pille, nunca.
-Mientes, claro que me encuentras, solo que eres una avariciosa.
-¿Que bonito es echarme la culpa, no? - fruncía el ceño tiernamente.
-Claro que no, no es bonito, es divertido, me encantan esas muecas que formas de cabreo y felicidad al mismo tiempo, por eso lo hago, todo lo hago por eso... ¿no lo sabes ya? - Jorge paseaba sus manos por el cuerpo semidesnudo de Julia.
- Eres malo, ¿sabes?
- Claro que lo se y a ti eso te encanta ¿no es cierto?

Ella escondió la cara en el pecho de Jorge y solto una risilla floja al sentir sus dedos fríos en su cintura, se dieron de empujones, achuchones y cosquillas toda la noche. Hasta caer dormidos.


Total, ninguno de los dos tenía nada mejor que hacer que quererse un ratito.

martes, 9 de marzo de 2010

Hazme tu mujer.

-Hazme tu mujer, en todos los sentidos que se te ocurran - la voz de Carla temblaba.
Luis se quedó mirandola perplejo durante unos segundos, aquella diosa con cuerpo de mujer, estaba ahi parada frente a él, pidiendole lo que su mente jamás llegaría a imaginar.
No sabia que decir, que hacer, que nada... solo queria ejercer las palabras de su amada Carla, lo cierto es que la había hecho suya tantas veces, la había amado tantas veces en tantos lugares, pero estaba seguro de que ahora ella no pedia ese tipo de posesión, ella estaba pidiendo desesperadamente que la hiciera su única amante y para el resto de sus dias.
-Vamos, ¿por que no dices nada? - se apreciaba como el nudo de su garganta crecía.
Luis miraba al suelo y apretaba los puños jamás se sentió tan asustado, tan transparente, tan desnudo frente a ella, aunque ella no pudiera apreciarlo, el miedo que Carla sentia ante una respuesta negativa de Luis le estaba carcomiendo tanto que no era capaz de ver que él se moría desesperadamente por abrazarla y tenerla para siempre con él, darle una nueva vida...
Carla siempre habia sido caracteristica por su caracter y su poca paciencia, viendo que Luis no tenía valor ni tan siquiera de mirarla a la cara, se marchó.
Luis se hincó de rodillas en el suelo, lloraba, se tiraba del pelo y se maldecía a si mismo por ser tan cobarde, quizás pronto volvería a hacerla su mujer, pero no de la manera que Carla queria.

lunes, 8 de marzo de 2010

Quiereme un poquito.


Le olía la piel a sexo de media noche y se sonreia al recordar el encuentro.
Sin embargo habia ido a topar con un hombre de sentimientos usados. Demasiado usados para que funcionaran como debian, tenia los "te quiero" rotos por los bordes y hacia años que se le enmudecia la garganta con los "te amo", pero sin embargo a ella siempre le habia paralizado la manera de querer que tenia con las manos y los ojos.
Se pasaba las noches gritandole que la quisiera un poquito de vez en cuando, sollozando acurrucada junto a la manta de unicornios y arcoiris que le regalo su abuela cuando cumplió dos tiernos años, siempre habia soñado con un mundo solo para ella.
Habia visto a aquel hombre varias veces, en distintos cafés de la zona, siempre la miraba de aquella manera tan suya, esa que habia conseguido paralizarla por completo en cada encuentro. Sin querer se rozaron los dedos al coger el café que les trajo el camarero y ahi sucumbió a todos sus encantos, a esa suavidad de sus dedos, a esa amplia mano que hacia las caricias mas intensas si cabe, a esos ojos que la miraban como luciernagas en la oscuriad desde la cama.
Sin embargo él tenia los sentimientos demasiado usados y ella los suyos a punto de estrenarlos, le costo abrir el envoltorio, pero cuando lo consiguió sus "te quiero" sonaban más melodiosos que los de cualquiera, nuevos, unicos, de esos que te hacen enrrojecerte de verguenza cuando escapa de tus labios, de esos que se te pone la piel de gallina si los escuchas.
Él habia tirado el envoltorio hace tiempo, habia olvidado donde lo dejó y con él la ilusión adolescente de sentirse enamorado.