lunes, 12 de abril de 2010

Susurro a media tarde.

-Ven aqui, muerdeme las costillas, despacito que dejen marca.

Will miró a Caroline desconcertado, pero sin embargo accedió a sus deseos, la recostó entre caricias y besos y mordió sus marcadas costillas muy despacito, arrastrando sus dientes para que los notara y lamiendo las marcas rojas que se iban quedando para intentar que volviera el palidito de su piel de nuevo.

-Noto en mis dientes como te late el corazón.
-¿En serio? ¿Ojala sonara para siempre verdad? - Caroline sonrió con un mezcla de angustia y placer al tener a Will tan cerca de ella, aquel olor de vainilla que tenia su piel... era tan delicioso... tan dulce, casi tanto como su caracter.

Los mordiscos de Will poco a poco le calaban hasta las mismisimas entrañas, lo adoraba.

-¿Estas mejor, Carol?
- Si, pero no ha parado de llover aún... me enerva que la humedad del ambiente se me establezca en el tuétano de los huesos...

Will la miró angustiado desde su barriga, dejó de morderle y empezó a soplarle en el ombligo, Carol reia, tenía una risa nerviosa y de estas de pito irritantes, pero a Will le encantaba.

-Estate quieto- le dió un pequeño toque en el hombro riendose.
-Quiza debería irme ¿no crees? tu deberías descansar, ahora no soy más que una molestia.
-Te equivocas Will, tu eres la única medicina que puede calmarme en estos momentos.

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