miércoles, 16 de junio de 2010

Pequeñita


Cuando llego a casa siempre tengo la misma manía:
Me paro delante de la puerta justo antes de abrir y muevo las llaves muy fuerte, ¡que suene, que suene! y cuando lo oigo por fin respondiendome me dibujo una sonrisa de oreja a oreja y abro la puerta despacito, muy despacito. Entreabro y me asomo un poquito, y al verlo la sonrisa es aún más grande, quiere salirseme de la cara, pero no quiero dejarla o la perdería para siempre.

Abro y suelto las bolsas en la entrada y miro fijamente a esa cosita peluda y rubia sentadita en el suelo moviendo su rabo tanto que casi no se ve, tiembla de ganas de salir corriendo, lamerme las manos y morderme los pantalones. Me siento delante de ella y mueve sus patitas delanteras haciendo el amago de salir corriendo y cuando yo ya no puedo más del tembleque de ganas de abrazarla doy unas palmas y se me tira encima. Me ladra en la oreja, no puede evitarlo ya que me lame la cara, la sonrisa se agranda y mis manos agradecen el tacto de su suave pelo, las lagrimitas se me escapan dejando ir toda mi angustia ella es la que se la lleva siempre, sin querer, pero se la lleva y se lo agradezco estrujandola contra mi pecho.
Coloco las cosas en la cocina y se sienta junto a mis piernas dandome cabezazos, ¡que listos son esos tres meses! le doy su cuenco de pienso y la observo, veo como sin dejar de comer no puede dejar de mirarme y mover el rabo, su carita de esfuerzo masticando las bolas grandes es insuperable, parece que tenga la sonrisa más sincera del mundo.
Que ganas de que crezcas, estare orgullosa y feliz cuando me tires al suelo con tus patas, seras enorme y nos iremos a recorrer el mundo en bicicleta, ¡claro que si!
con tu sonrisa de lado y la lengua colgando. Nos tiraremos exahustas en el cesped de alguna montaña olvidada y se nos caeran las estrellas encima. Y al volver a casa claro que si, alli estara tu cuenco, tu pelota y tu sonrisa sincera.
¿Has terminado de comer? Vamos, que te doy un baño ahora que todavía eres una motita y puedo sola contigo. Pense que serías más fácil pero como siempre hemos acabado empapadas las dos.
Anda venga duermete, que cuando me cambie toca jugar un ratito. Eres tan pequeña y frágil... Prometo tener tu camita preparada en invierno junto a la chimenea y comprarte comidita cada día, prometí cuidar de ti y lo haré... Siempre.

viernes, 11 de junio de 2010

Madre tierra

Paseaba bajo la lluvia y escuche un sollozo, un sollozo y un grito fuerte, irritante que me había golpeado el tímpano. Mire de un lado a otro sin ver nada, pero el sollozo seguía y cada vez se escuchaban los gritos con más fuerza. Me asome al riachuelo que pasaba junto a mi y cual fue mi sorpresa al ver a una niña pequeña tirada en el lodazal con los piececitos enganchados en mil bolsas de plástico, llevaba un vestido verde pálido, un verde sin vida, su pelo rubio cobrizo estaba manchado de negro petróleo, adornado con una coronita de hojas ya secas y flores marchitas, la imagen era espeluznante y sobrecogedora.
Me bajé con cuidado y me agaché frente a ella, me miró muy asustada y de pronto dejó de llorar intento recogerse las piernas para escapar un poco de mi, pero estaba anclada al suelo y viendo que no podía moverse volvió a romper a llorar e intentaba patalear.
Yo no sabía que hacer, así que simplemente la abrace, ella dejó caer sus bracitos en mi cuello y lloró sobre mi hombro, me empapó la camiseta de ternura, le salía agua por cada uno de los poros de su frágil piel, yo la abrazaba fuerte, fuerte, intentando hacer desaparecer su pena y de pronto lo senti... aquel pinchazo en el alma como si mi corazón se encharcara y un humo abrasador me llenase los pulmones, entonces lo senti... Ahora senti por que la madre tierra llora.