jueves, 8 de julio de 2010

Ya no nos quedan segundos, amigo.

Vísceras...
Una putrefacta alfombra de vísceras se extendía bajo sus pies, daba los pasos lentos debido a la pegajosa sangre que le comía las plantas, el fuerte aroma de la carne quemada y podrida le hacia desfallecer por momentos. Se tambaleaba con la mandibula desencajada y la moral por los tobillos ¿Cuando había pasado todo aquello? ¿Cuando todo se le había ido de las manos?
Se sentó en la cama junto a aquel cuerpo, que aún conservaba la sonrisa alegre y torcida de hace apenas unos cinco minutos, bañada de sangre, las moscas se posaban en sus inigualables ojos grises dando aún más aspecto de caos.
Hacia tiempo que había perdido toda la esperanza en el mundo, el sonido de las bombas y las metralletas se le habian enquistado en los tímpanos, la imagen de como su vida fue perdonada por el simple hecho de haber divertido a los soldados con sus suplicas y llantos y como su orgulloso compañero de ojos grises yacía ahora en el colchón con la mirada perdida y la sonrisa de siempre.




Sabía sin embargo como el tiempo se le estaba empezando a agotar, pronto volverían y ya no valdrían sus envidriados ojos ni su melodiosa voz rota por el nudo de la garganta, ahora más que nunca deseaba que todo aquello nunca hubiera valido de nada, que hubieran introducido el cañon de su pistola en su boca con la pose más humillante del mundo y que fueran sus vísceras las que poblaran el suelo y su sangre la se le pegara a ellos en las botas, en sus brillantes botas negras que los hacían elevarse por encima de cualquier mortal, convirtiendolo todo en sucia escoria.

Se clavaba las uñas nervioso, desolado, vacío... todo era un sin sentido ahora. Ahora añoraba el carraspeo de su abuelo cuando algo no salía como él esperaba, el olor a galletas que poblaba la cocina cuando su abuela entraba dentro, el perfume del pelo de su madre, la risa de su mejor amigo y sus burlas entre cervezas cuando pasaron los años.

Se tendió junto a él con una sonrisa alegre recordando aquel día de pesca en el que volvieron empapados a casa, pero con las manos vacías. Recordaba también aquel día de indigestión de galletas demasiado calientes y como se tiraban los juguetes a la cabeza.

Ahora después de todos aquellos años, con treinta y pocos a sus espaldas se encontraba allí en una habitación que hacía segundos era de un impoluto blanco y ahora era de un cruel rojo intenso, recordaba como hacía segundos estaban llenando sus copas de vodka y buscando los puros prohibidos de su padre, dispuestos a tirarse en el colchón a recordar sus vidas desde que tenian uso de razón, pero después de tantos años las cosas habían cambiado ya no habían segundos de tranquilidad en los que fumarse un puro mirando por la ventana.

-Adiós amigo, espero que nos volvamos a ver.

Y su alma voló por la ventana del sexto piso, seguida de su cuerpo.

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