domingo, 22 de agosto de 2010

El ladrón de desayunos.

-Yo creo que lo hacia a propósito.-Se le escapa una sonrisilla.

Él se levantaba por las noches de madrugada, se sentaba en el mueble de la cocina con las piernas encogidas y se comía toda la mermelada de fresa con los dedos, dejaba los botes vacíos y siempre le daba un fuerte dolor de barriga que le hacia llorar como un cachorrito recién nacido. Bueno aunque yo siempre estaba dormida cuando pasaba todo esto... ¿Qué? ¿Qué cómo lo sé, entonces?
Siempre venia a la cama y me tocaba las caderas con los dedos pringados, con el berrinche se le olvidaba eliminar las pruebas, pobre ladrón de dulces, demasiado sensible para jugármela.
Lo que siempre me encantó de su ritual del robo de mi mermelada del desayuno, era levantarme por la mañana y encontrarmelo dormido a mi lado acurrucado y con las comisuras llenas llenas de mermelada de fresa y lejos de enfadarme, lo arropaba y me iba a la cocina para encontrarme todas las mañanas aquella estampa maravillosa de los tarros llenos de papelitos de colores pidiendo disculpas e intercalando "Te quieros" cada dos o tres lágrimas. En ese momentos me reia, mucho y para mis adentros siempre quise tener un perrillo y a veces me inundaba la sensación de ser madre, pero él me lo daba todo hecho, todas las mañanas me encontraba a mi pequeño bebé con su berrinche de perrito pequeño acurrucado a mi lado con un dulce y embriagador olor a mermelada de fresa llena de travesuras.

1 comentario: