jueves, 2 de septiembre de 2010

La monotonía se sirve con las horas contadas.

Son las 7 de la mañana y el despertador no deja de sonar, me levanto con los parpados cargados de cansancio y mientras el incesante timbre chirria metiendo prisa, yo, ajena a toda obligación, me siento en la cocina a fumarme ese cigarrillo de las 7:15 mientras me tomo el cafe precalentado y amargo de las 7:17 (dos minutos al microondas y tienes la monotonia servida en tu mesa).
Todo programado, hasta las respiraciones, siempre suelto un suspiro a las 7:20 después de tres sobor contados y dos caladas lentas. Demasiado organizado y marcado para una persona que no cree en las prisas ni en el día a día.
Pero si, la rutina y la monotonia son las reinas de mi vida.

Siempre llego al trabajo ojerosa y con media hora de retraso, siempre y todavia estoy esperando el despido que merezco, fruto de mi incompetencia y mi desgana.
Pero nunca llega. Odio mi trabajo, lo odio demasiado como para hacerlo correctamente.
Odio mi piso central con su estresante banda sonora de motores y obras.

Sin embargo no tengo el coraje para ganar el dinero necesario para vivir en una casita en el campo apartada de todo.

Son las 9:45 hora de salir a por el café de las 9:50 con la gente de siempre y en la taberna de siempre con el cigarrillo de las 10:00 de siempre.

Todo como siempre.

1 comentario:

  1. << dos minutos al microondas y tienes la monotonia servida en tu mesa >>

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