sábado, 11 de diciembre de 2010

Cárcel de piel y hueso.

Salgo de una ducha ardiente y frente al espejo me postro, llena de curvas y con la piel de gallina, desnuda sombra, reflejo de la naturalidad del cuerpo humano.


El aliento se condensa sobre el espejo y el agua se escurre calle abajo por mi cuerpo, formandome un charco a los pies, se me resbalan los pensamientos sobre las sienes, la mirada perdida y hundida en lo más profundo de mi alma, dentro de un cuerpo ahora frente al espejo, carente de todo artificio.
El pelo en cascada me cae sobre mis firmes hombros y tapa la clavicula que apenas se me marca en la piel.
El frío que entra por la ventana entreabierta me hiela los sentidos y hace martillear los dientes con fuerza, escondidos tras unos enormes labios morados, que apenas siento ya.
De entre ellos entresale el vaporoso aliento que cada vez me dificulta más la visión de mi propio reflejo.

Siento como si hubieran pasado varias horas mientras me contemplo y torturo aqui de pie, pero apenas si habran pasado unos minutos.
La mirada ya se me ha quedado perdida entre mis pelos de punta y a duras penas me cuesta hacer algun movimiento, sin embargo levanto el brazo derecho y escribo en el vaho del espejo la palabra: "Libertad"
Y me desfallezco sin más sobre el suelo desnudo, entre martilleos y tiriteras.

1 comentario:

  1. Me alegra mucho volver a leerte. Me gusta mucho ese deambular entre lo real e irreal que utilizas con cada metáfora. :)

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