domingo, 12 de diciembre de 2010

Drogas duras.

Me he empapado de cada uno de los sonidos que emites cuando pasas cerca.
Esa respiración calmada, esos pasos que se silencian para mirarme detenidamente, creo que te escucho hasta al parpadear. Se me han agudizado los sentidos por mirarte demasiado.
Me has empapado el recuerdo entero con tus gemidos, cuando me recuesto sobre ti, cuando se me pierden las manos por cada uno de los rincones de tu cuerpo, tus sonidos húmedos de todos nuestros encuentros. Te escucho hasta las caricias, el sonido que hacen cuando bailan por mis muslos es maravilloso, y cuando se pierden entre los entresijos de mis profundidades es cuando se hace un silencio sonoro que inunda la habitación hasta teñirla de placer al completo. Un gemido que me hace completamente sorda al resto de irregularidades sonoras del ambiente.
Cuando el éxtasis se ha apoderado de mi cuerpo y empieza a marchase, a veces puedo escuchar el suspirar de tu alma y un "te quiero" que me recorre todos los rincones de mi, en estos momento, inerte cerebro.
Me has empapado de la droga más dura y más fuerte: La de amarte cada día.

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