domingo, 19 de diciembre de 2010

Pequeñas excitaciones y erecciones.

Se levantó con el pelo alborotado y pinchazos en las sienes, la resaca le atacaba a los sentidos, miró a su alrededor y se vió los pies envueltos en unos calzoncillos que no eran ni mucho menos suyos, el desorden de la habitación llena de botellas, ropa y condones usados mostraba el caos más erotico que jamás pudo imaginar.

A gatas se arrastró hasta el lavabo y hundió la cabeza en el agua, al sacarla para respirar vió a un hombre de fachada peculiar sonriéndole y apartándole el pelo pegado a la cara, ella fruncía el ceño y hacía lo imposible por recordar su nombre ¿Era el pintor de la salida del metro? ¿El músico del treatro? ¿El ejecutivo? ¿Se llamaba Alberto? ¿Era el camarero de la cafetería de al lado? ¿El mulato que vendía discos en la playa? ¿O simplemente era algún pobre diablo al que ella estuvo encantada de meterlo en su cama?

-¿Eres, te llamas? lo siento, el alcohol me nubla la memoria cuando me despierto- balbuceaba con los ojillos entreabiertos como si no tuviera las gafas puestas.
Sonrió picaramente y buscó el sexo de Lena, con los dedos húmedos y los ojos encendidos en lujuria. Ella soltó un gemido leve y alegre cuando sintió como le acariciaba y dejo de pensar en cual podría ser su nombre o su ocupacion simplemente lo tiró sobre el suelo del cuarto de baño y lo hizo suyo hasta que perdió el aliento de nuevo.
Casualmente para Lena nunca importaba nada si en el transcurso de la pregunta había sexo de por medio.

Había amado a tantos hombres que había perdido ya la cuenta de cuantos calzoncillos ajenos residian en su mesita de noche o de cuantos besos albergaba su cuerpo, o quizá cuanta esencia había sido derrada en él.
Se levantó con el orgasmo recorriéndole aún las piernas y se fue para la habitación, buscó entre el festival de pastillas de su mueble: una aspirina y la tomó sin ayuda de agua.

-Puedes marcharte, ya no es necesario que sigas aqui.

El hombre sin mediar palabra la puso contra la pared sin hacer caso de sus palabras y le hizo sentir otro nuevo orgasmo despues de los incontables de aquella noche.

-Llámame deseo...

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