domingo, 13 de enero de 2013

Felices 21.

Somos incombustibles a través del tiempo. Es como si estuviéramos dispuestos a cogernos de la mano más allá de la tumba. Es así. Yo lo noto así. Hemos sido indestructibles. Ni los años, ni las distancias, ni los cambios han podido con nosotros. Somos lo que fuimos hace años cuando estamos cerca. Es como si el abrazo no hubiese cambiado nunca, aunque ahora, al ser escasos se dan con más ganas si cabe.
Te miro a los ojos y sigo viendo al niño que nunca negó su mano para ayudarme a levantarme, sigo viendo nuestros juegos, sigo viendo nuestras salidas, sigo viendo todo el cariño. Y te veo a lo lejos y después de meses te estrecho en mis brazos y como ya he dicho, NADA ha cambiado. Seremos más maduros, más críticos, estaremos más mayores, pero seguirás siendo aquel niño tierno con el que me peleaba por nimiedades en las aulas, aquel niño que nunca negó secarme las lágrimas pese a la tozudez de la adolescencia. Ese niño que siempre tuvo una sonrisa y un juego. Ese hombre que ahora me estrecha entre sus brazos y me sigue secando las lágrimas y que incluso en sueños es incapaz de negarme todo su apoyo.

Estas líneas no dicen nada en realidad, no son capaces de expresar nada, solo tú y yo sabemos que hay en toda esta amistad, solo tú y yo sabemos que eres mi hermano de no-sangre. Mi maldito pilar desde que nos conocimos en la escuela primaria. Esa amistad de acero que nadie, ni nada ha sido capaz de destruir.

Esta amistad que no perecerá ni cuando los gusanos nos devoren los músculos.

Esta amistad que hoy, cumple un año más, junto contigo.

Te quiero, hermano. Muchas felicidades, espero verte pronto.